No me gusta esa expresión actual de que “los jóvenes son la primera generación que vivirá peor que sus padres”. Personalmente lo encuentro más que discutible.
Por supuesto, no es que piense que los jóvenes no tengan problemas o que sean poco importantes. Simplemente pienso que son diferentes a los de las generaciones anteriores, y dudo que peores.
Grosso modo, el problema realmente grave que padece la juventud actual en comparación con sus padres, es el acceso a la vivienda. Es cierto. El precio de la vivienda en España es un absoluto dislate, tanto para comprar como para alquilar, y eso frustra los proyectos de crear una familia. Es un problema muy serio. Pero lo que yo discuto es que sea peor que el panorama que tenían las generaciones anteriores.
Por supuesto, cualquier comparación de las dificultades de los jóvenes actuales con las de las personas que vivieron los años posteriores a la guerra civil y que sacaron adelante, mal que bien a sus familias, partiendo de un país destruido y hambriento, sería ridículo que entraran en cualquier comparación con la actualidad.
Pero sin irnos tan lejos, para mí la diferencia clave está en que los jóvenes de hoy se encuentran con que la vivienda es relativamente más cara, pero los bienes de consumo más baratos, y sus padres vivieron un mundo donde eso era al revés.
Antes, la gente no tenía apenas capacidad de consumo, pues todo era relativamente caro, se tenía muchos hijos, y tenían una cultura del ahorro, con lo que en un momento dado, podían pagar el adelanto de una vivienda, que era además, más barata. Eran austeros y tenían en mente un proyecto a largo plazo.Los jóvenes actuales están acostumbrados a consumir. Habituados a salir a comer o tomar copas, gastar en peluquería y estética, a tener móviles, ordenadores, conciertos, y en ocasiones, coches más o menos caros, a tener ropa de marca y a viajar. Obviamente, así es complicado ahorrar. Tienen un enfoque de consumo más a corto plazo.
No voy a cuestionar si es más correcta una u otra opción, pues son dos circunstancias complejas. Pero lo siento. Hay que elegir.
Creo que es profundamente negativo decirle a los jóvenes que tienen derecho a todo sin sacrificios, y que ante las dificultades, tienen derecho a reivindicar que “otros”, les resuelvan sus problemas. Porque el mundo no funciona así.
O por ser más cañero, que otros les sigan resolviendo sus problemas. Los padres les proporcionaron algo de dinero para consumir, se gastaron sus primeros sueldos en lo mismo, y cuando llega el momento de independizarse...que sea el estado (también con el dinero de sus padres) quien recoja el testigo de sus progenitores y les proporcione de una u otra manera, una vivienda compatible con su nivel de consumo que ven tan difícil reducir.
Obviamente, estoy generalizando. Y sé que hay toda clase de casos y muchas necesidades, en ocasiones dramáticas, pero también en las generaciones anteriores, y de hecho, se puede decir que mucho más extendidas y mucho más dramáticas.
Tampoco estoy diciendo que no se deba hacer nada. Al contrario, el de la vivienda es un problema muy grave y que hay que estudiar a fondo la manera de solucionarlo y debatir las mejores opciones para abordarlo.
Pero insisto, ¿de verdad le hacemos un favor a los jóvenes haciéndoles creer que tienen derecho a todo por existir? ¿Les preparamos así para la vida adulta?




