la cosa está malamente

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14 abril 2012

Vecinos malvados

Empiezo esta entrada, y me doy cuenta de que de alguna manera es una continuación de la entrada anterior "Tengo la conciencia tranquila", porque trata de eso, la conciencia, la maldad, etc.

Mis amigos estarán aburridos de contarles esta opinión de nuevo, así que los más cercanos mejor ni sigan.

Me da un poco de rabia el estilo de "que guay son los macarrillas callejeros", como el de la canción de Sabina  "pacto entre caballeros", y el delincuente simpático, con el que termina de marcha. Será que ha tenido una diferente experiencia a la mía. A mí en los 80 me atracaron  muchas veces, y la verdad, no le ví la gracia por ninguna parte. 

Mi experiencia, es que en la totalidad de los casos que sufrí o me enteré, los delincuentes no tenían ningún tipo de perocupación por la situación del otro, de empatía, ninguna compasión por la víctima, ningún tipo de arrepentimiento o mala conciencia, nada.

Desde luego, hay factores criminógenos que habría que analizar y excepciones al discurso, vale. Pero al mismo tiempo, hay que preocuparse de lo que existe, de lo que hay.

No todos los posibles delincuentes lo son de facto. Estoy convencido de que convivimos a diario con potenciales criminales: Si se decretara un día sin ley, en mi ciudad habría algunas decenas de homicidios, algunos cientos de violaciones, y miles de robos. Si esa gente no actúa hoy, es sólo porque eso supondría un problema para sí mismos, y nos los cruzamos por la calle a diario.

Hay gente que tiene la vocación y el deseo de dañar. Una guerra sería su paraíso soñado, ya que en la descomposición del estado, la impunidad es la norma, y la ley la puede hacer cualquiera a punta de pistola.

En cualquier caso, muchos de esos delitos estarían cometidos por unos mismos delincueltes hiperactivos. Una vez oí por la radio, que en Madrid, unos 2.000 individuos, acaparaban el 90% de los delitos. ¿Se imaginan què pasaría si se encerrara a esa minoría?.

En una conversación hace años con estudiantes de derecho, uno comentó que la ley se había hecho para la gente que en una ocasión comete un error, y me parece bien ese planteamiento de la legalidad. Pero los que han sido detenidos cientos de veces, no es que hayan cometido un error, sino que han convertido el dañar a los demás en su forma de vida.

También leí, que muchos de los guardianes de campos de concentración nazis, habían sido delincuentes comunes en su vida civil. Es lógico, tienen el perfil ideal para ese trabajo.

Lo más terrorífico es que muchos de estos desalmados, (lo lleven a la práctica o no), están en todos los países del mundo y sólo tienen que darse las circunstancias adecuadas para que se manifiesten, como dice mi gran amigo Nicolás en su post sobre la guerra de Bosnia.

Pese a todo, hay una mayoria de buena gente. En el ejemplo de la ciudad sin ley, queda claro que la mayoría de las personas no serían capaces de dañar cosncientemente a los demás, (muchos no pagarían sus impuestos, que es dañar a los demás), pero no perjudíacarían a nadie fríamente, aunque no son pocos los influenciables, para que tengan su justificación para dañar. 

Pese a lo dicho, creo que en general la gente es buena, si bien pienso que debemos ser conscientes de que los malvados y los amorales existen, sin buenismos de que todo delinquente no es responsable de sus actos y que por tanto, de alguna forma debemos ser generosos con ellos, porque esa política lo que crea es la indefensión de la gente normal, y eso sí que es dañar a los demás. No frivolicemos.




1 comentario:

  1. Aunque no es precisamente santo de mi devoción, Punset pone en este post el dedo en la llaga al respecto de lo que hablas.

    http://www.eduardpunset.es/17726/general/empatia-cero

    ¡Un abrazo!

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Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.