Iba a responder el post de mi amigo Nico: “Los payasos de la tele y el paso del tiempo”,
acerca del triste fallecimiento del gran payaso Emilio Aragón Bermúdez,
al que todos conocemos como “Miliki”, pero me salió tan largo que lo
convertí en una entrada para este blog.
Pienso
en la reciente muerte de Miliki, como en la de Fofó, o Gaby, y me doy
cuenta de que estos nombres no dicen nada a mis hijos. Lo digo con pena,
aunque es lógico, pues no los conocieron, y están escribiendo su propia
infancia y recuerdos, como yo escribí la mía y los míos.
Aunque
eso sí, estos payasos, ya son eternos, pues mis niños también conocen
sus canciones, algunas de las cuales tipo “Susanita tiene un ratón” o
“La gallina turuleca”, seguro que pasarán a formar parte de la cultura
popular de este país y de algunos de latinoamérica por décadas, quizá
por siglos, como lo son el “Mambrú se fue a la guerra, o “dónde están
las llaves”, trascendiendo a sus creadores.
Sí,
Nico, como coetáneo tuyo, también era uno de esos niños que, junto a
mis hermanos, gritaba ante el televisor lo de “bieeeeeeeeeeen”, como
respuesta a la famosa pregunta de los hermanos Aragón.
En
mi caso, también me acuerdo del primer disco que tuvimos en mi casa,
lógicamente era de vinilo, y era precisamente de “los payasos de la
tele”. Como no teníamos tocadiscos, lo poníamos en casa de un vecino de
nuestra edad.
Son
recuerdos que se mezclan con los del sabor del chupachups, los
pantalones cortos, las rodillas siempre arañadas, los flecos cortados a
la altura de las cejas, los coches sin cinturón y los soldaditos de
plástico.
En
mi caso, estas cosas las viví en un principio en Santa Cruz de
Tenerife, (aunque seguí disfrutando de los payasos, ya en Las Palmas, en
la tele de mi abuela).
Recuerdos
en blanco y negro compartidos por todos los que somos de la misma
época, y eso es algo que en parte nos va diferenciando de los más
jóvenes, porque sólo teníamos un canal de televisión que emitía sólo
unas horas y con una corta programación infantil. Y como escaseaba más
de casi todo y había pocos distribuidores, vivíamos todos en hogares
similares, (con la decoración de “cuéntame”) y con juguetes parecidos.
Me
parece curioso saber que cuando conozco a alguien de mi edad, sé a
ciencia cierta, que muchos de sus primeros y mejores recuerdos coinciden
con los míos. Y los payasos Gaby-Fofó-Miliki-Fofito, están presentes en
los de todos.
Por cierto, Miliki tenía 47 años en 1976, cuando nosotros teníamos 8. Solo tres más de los 44 nuestros de ahora, amigo.
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