¡Soy enormemente feliz!, parece una respuesta obligatoria para los personajes que aparecen en las revistas del corazón.
Bueno, en muchos de esos sujetos me lo puedo creer razonablemente, pues suelen ser gente de alta cuna, actores, presentadores de televisión. Vamos, no son gente que debe partirse los cuernos para conseguir 900€ al mes. La mayoría llevan una vida regalada o plena de motivaciones, variada y llena de satisfacciones. Para los que trabajan podría valer lo que digo en esta otra entrada.
¿Pero es extrapolable a la mayoría?. Personalmente creo que con un poco de suerte y voluntad, sólo se puede alcanzar un nivel razonable de felicidad, y esa es la felicidad de los mortales. Está bien, sólo hay que valorar lo que tenemos y darnos cuenta de que la mayoría tenemos muchas razones para sentirnos bien, y en buena parte de los casos, se trata de imaginar una balanza, y pesa más lo bueno que lo malo, que por otra parte, es inevitable que exista.
Partiendo de esa certeza, sólo basta sonreir y recrearse en los pequeños o grandes logros que alcanzamos, exprimir nuestros buenos ratos e introducir sentido del humor, buen rollo y esfuerzo en las cosas que no nos gustan tanto.
No sé, quizá quiero ser optimista hoy. Ignoro si esta es una buena fórmula, no pretendo enseñar nada a nadie, ni si quiera a mí mismo, sólo escribo de un tirón.
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