Es natural que mi ingenuidad supliera mi absoluto desconocimiento de la naturaleza humana.
Quiero decir que, en mi opinión, la gente es buena, esencialmente buena, aunque también hay un pequeño porcentaje de malos. No conozco a nadie perfecto, yo tampoco lo soy. Los seres humanos tenemos defectos y debilidades.
Es intrínseco a nosotros y quizá con más diversidad de manifestaciones en una sociedad compleja como la nuestra. Y digo compleja, porque estamos sometidos al mismo tiempo a un montón de reglas, deseos, necesidades, obligaciones, estímulos, presiones... y todo eso a la vez. Su haz y su envés. Demasiado difícil para gestionarlo a plena satisfacción propia y de los demás.
Sería estupendo que pudiéramos hacer esos fantásticos equilibrios y fuéramos capaces de controlarnos al 100% adecuando nuestros actos y pensamientos a lo que "debemos hacer o ser". Pero creo que la exigencia sobrepasa la capacidad del ser humano.
Somos así, y por mucho que queramos ser "perfectos", no podemos. Finalmente, siempre se producen pequeñas roturas en nuestra estructura.
Son cosas que chocan con nuestros genes: tener pareja no elimina el deseo, estar comido no elimina la glotonería, la consciencia del otro no elimina el deseo de nuestra propia satisfacción, nuestra ansia de consideración se puede confundir con la vanidad.
¡ Hay tanta diferencia entre lo que hacemos y lo que realmente queremos hacer en cada momento!. ¡Esto es ingobernable!.
Nos hurgamos la nariz, sentimos envidia, deseamos a la mujer del otro, no escuchamos con suficiente atención a quien lo necesita, presumimos de lo que tenemos o sabemos, no siempre guardamos las mejores formas, queremos siempre más. Tenemos vicios, manías, prejuicios.
De ahí que entienda cierta hipocresía, cierto disimulo, cierto grado de incumplimiento, como válvulas de escape. Hablo de las pequeñas cositas del día a día, las nada planificadas.
No digo que todo lo anterior sea "malo" por naturaleza, sólo que existen normas formales e informales que nos dicen que está mal.
Aunque precisamente por eso, me fascinan las muchas personas que aparentemente no tienen esos defectillos, aquellos que llamo las personas de alma limpia. y creo que normalmente se corresponden con gente sencilla de aspiraciones sencillas. Curioso.
Aceptando que los humanos somos así, me cuesta mucho juzgar a los demás, máxime teniendo en cuenta que desconocemos las circunstancias y pensamientos de los otros. Y tampoco deberíamos ser tan duros con nosotros mismos. No somos más fuertes que los demás.
Es por eso que las pequeñas debilidades humanas, las cotidianas, cada vez las acepto mejor. No sé si se me entiende o he expuesto estas ideas de forma inconexa, pero en el fondo, lo que quiero decir, es que entender esto me acerca a los demás, porque empiezo a aceptarme y a aceptar a los otros con sus bondades y fortalezas, pero también con sus debilidades y defectos.
Pero eso sí, para que pueda o puedan contar con mi indulgencia, estas debilidades deben tener esta característica: que se produzcan sin intención de dañar a nadie, (aún cuando ese daño pueda ocurrir).
Te he entendido perfectamente. Me ha encantado. Sara.
ResponderEliminarGracias Sara, creo que las personas tenemos muchas dimensiones: ciudadano, padre/madre, pareja, compañero, trabajador, vecino, hijo.....ser "ideal" en todo eso es simplemente imposible, e incluso que dudo que deseable. ¡Es difícil ser humano!.
ResponderEliminarPero D. Adolfo, que tendría de diversión un ser intrínseca y socialmente perfecto. El varón que toda madre querría para sus hijas (como fue el buitre en el mundial del 86). ¿Dónde quedaría la atracción por el ser rudo e imperfecto,el Marlon Brandon de "La ley del deseo", el rey de las nenas de Grease (pendenciero)... Si no es que directamebte dejariamos de ser personas. En las imperfecciones esta lo bonito de estar vivo. Abrazos camarda.
ResponderEliminarQuique R.