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| Luis y Laura, 2016 |
(He tapado sus fotos por pura paranoia).
Me gustaría que siempre conservaran su ingenuidad, su deseo de diversión y la sinceridad en sus afectos. Alejarlos de la decepción, del dolor y la muerte.
Desgraciadamente el tiempo sigue pasando y, por mucho que yo quiera, no puedo detenerlo.
Siempre he pensado que la educación que un padre debe dar a sus hijos se resumiría en proporcionarles las claves para que puedan valerse por sí mismos en este complicado mundo. Y como es lógico, haciendo el menor daño posible a si mismos y a todo lo que existe.
¿Cómo encontrar el equilibrio entre protegerlos y enseñarles a vivir sólos?. No tengo la respuesta más óptima, y es una de las cosas que más me preocupan. Me confío al instinto que espero que los padres y madres tengamos, para hacerlo lo mejor posible.
En el mundo hay cosas desagradables, dolor y mezquindades. Ya he empezado a decirles que "no todas las personas son buenas", y me duele hacerlo porque no quiero que tengan miedo ni que descubran que existe la maldad. Pero tengo que hacerlo. He de prevenirles.
No veo las noticias si están ellos cerca. Quito la radio si nombran "bombardeos" o "muertos y heridos", no sé si hago bien, tienen que saber cómo es el mundo para vivir en él. Pero creo que todo tiene su tiempo, que poco a poco irán descubriendo cosas, que otras se las diremos, y lo que deseo es poder acompañarles en esos descubrimientos para que resulten de la manera más adecuada a su edad, (¡y que "la divinidad" me ilumine en cómo hacerlo!).
Lo que sí quiero es que sean felices, que si tienen sueños, que los persigan y que corran riesgos si es para alcanzarlos, pero.... "con mucho cuidado y procurándose un porvenir", (lo siento, soy padre, no puedo evitarlo).
En el mundo hay cosas desagradables, dolor y mezquindades. Ya he empezado a decirles que "no todas las personas son buenas", y me duele hacerlo porque no quiero que tengan miedo ni que descubran que existe la maldad. Pero tengo que hacerlo. He de prevenirles.
No veo las noticias si están ellos cerca. Quito la radio si nombran "bombardeos" o "muertos y heridos", no sé si hago bien, tienen que saber cómo es el mundo para vivir en él. Pero creo que todo tiene su tiempo, que poco a poco irán descubriendo cosas, que otras se las diremos, y lo que deseo es poder acompañarles en esos descubrimientos para que resulten de la manera más adecuada a su edad, (¡y que "la divinidad" me ilumine en cómo hacerlo!).
Lo que sí quiero es que sean felices, que si tienen sueños, que los persigan y que corran riesgos si es para alcanzarlos, pero.... "con mucho cuidado y procurándose un porvenir", (lo siento, soy padre, no puedo evitarlo).
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| Día de playa 2012 |
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| Con Luis y Laura, Disney Paris, 2010 |



¡Bufff, difícil papeleta la de padre! Sólo puedo añadir que la bondad no es intrínseca sino que se inculca, tanto mejor cuanto más metódico y constante sea el trabajo de aleccionamiento. Creo que es un buen punto de partida que, lejos de convertirlos en bobos -opinión extendida entre las gentes sin escrúpulos- les dota de una referencia impagable para afrontar el porvenir. El tiempo ya sembrará en ellos miedos y odios, pero será difícil que borre esa impronta inicial.
ResponderEliminarHola Julio. Gracias por tus palabras.
EliminarEstoy bastante de acuerdo con lo que dices, excepto en que la bondad no es intrínseca. Yo creo que en su mayor parte es inculcada, pero que siempre hay una inclinación de los individuos hacia el bien (en su mayoría), o hacia el mal. Recuerda que en ocasiones, hermanos con la misma educación, se comportan de forma diferente.
Yo también siento arcadas de los tipos sin escrúpulos que enseñan a sus hijos a estar por encima de los demás, supongo que a muchos de ellos los educaron así, pero no me importa tanto el origen sino lo que son: Tipos despreciables. Pero educar en la maldad a un niño inocente es una monstruosidad.
Dicho esto, quiero que mis hijos sean buenos, pero no incautos. No quiero adelantarles ni en lo más mínimo la pérdida de inocencia, pero tampoco se la quiero retrasar más de lo debido, porque antes o después han de conocer el mundo en el que viven. Es difícil identificar cada momento. ¡Confiemos en el instinto!.
Yo también estoy contigo, Adolfo, en que la bondad (la compasión, para ser menos vagos) no se inculca: uno ya viene cableado de fábrica a ese respecto... ¡o no! Luego están las circunstancias de la vida, la educación y lo que mamas, pero la compasión -al igual que la inteligencia, la altura, los ojos y otras muchas cosas- ya viene en el ADN... ¡o no!
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