la cosa está malamente

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14 junio 2024

Problemas de hoy, problemas de ayer

Sé que esto suena a viejuno, y lo más probable es que lo sea. Pero creo que cuando se habla de las dificultades de los jóvenes actuales, el ansia extrema de adularlos que tienen algunos, hace que se pierda la perspectiva hasta el punto de decir absolutos disparates.

No me gusta esa expresión actual de que “los jóvenes son la primera generación que vivirá peor que sus padres”. Personalmente lo encuentro más que discutible.

Por supuesto, no es que piense que los jóvenes no tengan problemas o que sean poco importantes. Simplemente pienso que son diferentes a los de las generaciones anteriores, y dudo que peores.

Grosso modo, el problema realmente grave que padece la juventud actual en comparación con sus padres, es el acceso a la vivienda. Es cierto. El precio de la vivienda en España es un absoluto dislate, tanto para comprar como para alquilar, y eso frustra los proyectos de crear una familia. Es un problema muy serio. Pero lo que yo discuto es que sea peor que el panorama que tenían las generaciones anteriores.

Por supuesto, cualquier comparación de las dificultades de los jóvenes actuales con las de las personas que vivieron los años posteriores a la guerra civil y que sacaron adelante, mal que bien a sus familias, partiendo de un país destruido y hambriento, sería ridículo que entraran en cualquier comparación con la actualidad.

Pero sin irnos tan lejos, para mí la diferencia clave está en que los jóvenes de hoy se encuentran con que la vivienda es relativamente más cara, pero los bienes de consumo más baratos, y sus padres vivieron un mundo donde eso era al revés.

Antes, la gente no tenía apenas capacidad de consumo, pues todo era relativamente caro, se tenía muchos hijos, y tenían una cultura del ahorro, con lo que en un momento dado, podían pagar el adelanto de una vivienda, que era además, más barata. Eran austeros y tenían en mente un proyecto a largo plazo.

Los jóvenes actuales están acostumbrados a consumir.  Habituados a salir a comer o tomar copas, gastar en peluquería y estética, a tener móviles, ordenadores, conciertos, y en ocasiones, coches más o menos caros, a tener ropa de marca y a viajar. Obviamente, así es complicado ahorrar. Tienen un enfoque de consumo más a corto plazo.

No voy a cuestionar si es más correcta una u otra opción, pues son dos circunstancias complejas. Pero lo siento. Hay que elegir.

Creo que es profundamente negativo decirle a los jóvenes que tienen derecho a todo sin sacrificios, y que ante las dificultades, tienen derecho a reivindicar que “otros”, les resuelvan sus problemas. Porque el mundo no funciona así.

O por ser más cañero, que otros les sigan resolviendo sus problemas. Los padres les proporcionaron algo de dinero para consumir, se gastaron sus primeros sueldos en lo mismo, y cuando llega el momento de independizarse...que sea el estado (también con el dinero de sus padres) quien recoja el testigo de sus progenitores y les proporcione de una u otra manera, una vivienda compatible con su nivel de consumo que ven tan difícil reducir.

Obviamente, estoy generalizando. Y sé que hay toda clase de casos y muchas necesidades, en ocasiones dramáticas, pero también en las generaciones anteriores, y de hecho, se puede decir que mucho más extendidas y mucho más dramáticas.

Tampoco estoy diciendo que no se deba hacer nada. Al contrario, el de la vivienda es un problema muy grave y que hay que estudiar a fondo la manera de solucionarlo y debatir las mejores opciones para abordarlo.

Pero insisto, ¿de verdad le hacemos un favor a los jóvenes haciéndoles creer que tienen derecho a todo por existir? ¿Les preparamos así para la vida adulta?

 











17 mayo 2024

Percepción y realidad


Llevo un cierto tiempo escuchando esta polémica que hay en torno a la definición de hombre y mujer. Últimamente veo que hay una idea muy extendida de pensar que en realidad, esto del género es algo muy opinable, mientras que otros se niegan a toda modificación de la idea tradicional. Voy a intentar exponer mi postura al respecto.

Se suele iniciar la polémica al intentar definir lo que es un hombre y una mujer, y en mi opinión, habría que empezar distinguiendo los conceptos de sexo y género.

El sexo viene determinado por una cuestión biológica. Las hembras de la especie humana tienen cromosomas "XX", y los machos de la especie humana, cromosomas "XY". Aunque no hay que subestimar a la capacidad del fanatismo humano, creo que esto tiene poca discusión.

Ahora viene el concepto "género", esto es: hombre-mujer. 

Tradicionalmente ha estado totalmente ligado al sexo de la persona: las hembras humanas son mujeres y los machos humanos son hombres.

Hoy en día, por contra, hay gente que plantea que hay que desligar completamente el sexo del género, y por lo tanto, esto de ser hombre o mujer no viene determinado por cosa diferente a la voluntad o autopercepción de la persona.

Presentado los hechos, expresaré mi opinión.

Valga por delante que yo pienso que lo más importante es la felicidad de la persona, así que si naciendo varón, me dices que te sientes mujer, te trataré como tal, porque me gusta que la gente sea feliz, independientemente de lo que me parezca a mí. (Digamos que no es lo mismo Bibiana Fernández, a la que considero toda una señora, que si me lo dijera, pongamos, Jason Momoa).

Imagino que es muy probable que el concepto de género naciera para distinguirnos de los animales, con lo que a las hembras humanas pasamos a llamarlas "mujeres ", y a los machos "hombres". Siendo esto así, es defendible que algunos digan que"el género es un constructo social", y por tanto, una definición maleable. 

Hasta ahí, puedo estar de acuerdo con esa visión, pero creo que usan muy mala defensa de su postura por dos razones.

A) Por un lado, si desligamos las palabras de algo objetivamente comprobable y le damos el significado a voluntad del hablante, dejan de tener significado. Al fin y al cabo, las palabras son representaciones de la realidad para que podamos identificar y concretar esa realidad en nuestra mente. 

Dicho de otra manera; si alguien me dice "hay una mujer esperándote en el pasillo", yo tiendo a imaginarme una persona de sexo femenino. Si en mi cabeza puedo generar igualmente la imagen de Mónica Belucci que la de Chuck Norris, la palabra "mujer" deja de tener sentido, pues no define nada en concreto. Y si las palabras dejan de tener utilidad, las podríamos eliminar del diccionario.

B) Otro error, a mi juicio, es ligarlo todo a la percepción o autopercepción del individuo. Creo que eso no tiene sentido. Si una persona anoréxica de 40 kilos se auto percibe obesa, tiene una percepción errónea, no un problema de obesidad.

Y así con todo, si alguien de raza blanca se auto percibe negro... Si alguien de 56 años se auto percibe un bebé de 3... nadie duda de que el problema está en la percepción, y que lo que hay que trabajar es precisamente ésta. El género es la única causa en la que se tiende a pensar que la percepción es correcta y lo que es incorrecto es el cuerpo. Y eso sí que es totalmente arbitrario.

Pero voy más allá, la percepción ni la autopercepción cambian la realidad. Yo puedo auto percibirme más guapo que Leonardo Di Caprio, incluso seguramente mi madre me percibiría más guapo que ese actor. Pero la realidad es la que es.

Pongamos que una mesa tiene conciencia y capacidad de expresarse. Si me hablas de una mesa, puedo imaginarme ese objeto. Ahora bien, si una mesa se autopercibe" silla" o "nevera", y todas estas identidades son igualmente "válidas y respetables", les informo de que si yo trabajara en una empresa de mudanzas y me dijeran que tengo que llevar "la mesa a la nueva casa", no me hago responsable de lo que llegue al siguiente domicilio.

Digamos que para mí, tal y como está la polémica, yo ligaría los conceptos de hombre y mujer a la mera voluntad del individuo en un país donde, desde el punto de vista legal y administrativo, hubiera una igualdad efectiva. Esto es lo lógico. Si es así, la identificación como una cosa o la otra, no tendría ninguna relevancia ni efectos positivos ni negativos.

El problema ocurre cuando de esa determinación como hombre o mujer, se derivan unas ventajas/inconvenientes legales o administrativos, como desafortunadamente ocurre en nuestro país, que otorga ventajas legales a la mujer, lo que lleva, inevitablemente, al mal uso de algunos hombres y algunas mujeres de dicha ventaja, con lo que, a mí juicio, es peor el remedio que la enfermedad. Pero eso ya es materia para otro artículo.