Siendo yo adolescente, recuerdo una ocasión en la que íbamos varios miembros de la familia en el coche de mi tía. Yo iba mirando por la ventanilla trasera, y observé a un anciano provisto de sombrero y bastón, que se sentó con dificultad en el escalón exterior de una vivienda. En ese momento, mi abuela dio un respingo en su asiento y mirando hacia el viejito espetó: "¡Dios mío fulanito, quién te ha visto y quien te ve!, con lo guapo que tú eras".
Se me quedó grabado esa pequeña anécdota y tiene que ver con el post de hoy. Aveces tendemos a creer que estos tiempos son especiales o mejores que otros, y a ver a la gente mayor como si hubieran sido así siempre.No es cierto, obviamente. Cada uno de ellos lleva tras de sí una historia. Mirándolos, no podemos saber si la suya fue anodina o quizá fascinante. Lo que es cierto, es que antes de nosotros, miles de millones de personas con sus características, virtudes y defectos, vivieron y sintieron no menos que nosotros.
Me encanta la historia, pero más que los grandes hechos me llama más la atención las vidas cotidianas y las personas que las protagonizaron. Mirando a la cara a nuestros mayores, y pensando en los que les precedieron, no podemos saber qué suma de conceptos se puede asociar a sus vivencias ni en qué porcentajes.
¿Qué habrán vivido?: aventuras, aburrimiento, luchas, crímenes, solidaridades, traiciones, actos de grandeza, trabajo, penurias, bailes, encuentros, huidas, risas, pasiones, engaños, etc.
Me fascina pensar que nuestros ascendentes se han podido identificar con nuestros sentimientos más íntimos: amor, deseo, ira, mezquindad, culpa, decepción, alegría, dolor, celos, miedos, amistad, dudas, compasión, sueños, frustración.
De alguna manera, todos los seres humanos que somos, hemos sido o seremos, tenemos unos fundamentos comunes compuestos por circunstancias, padecimientos, alegrías y deseos, que creo que principalmente han sido iguales y lo serán, porque son consustanciales a la especie humana.
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Lo que me embrujó de este vídeo es que, con su extraordinaria calidad, nos hemos asomado unos segundos a la vida de un montón de personas, algunas de las cuales sólo miraban con algo de curiosidad a la cámara por lo inusual del artilugio en la época, para pasar despreocupadas a ignorar al camarógrafo y continuar con sus vidas, entonces plenas (¡porque era el presente!), y que ya son....nada.
(A lo mejor, dentro de cien años, alguien verá el vídeo de nuestras vacaciones y pensará lo mismo de los que ahí salimos).
Un paseo por Londres, (The open Road ,1927)

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