Salí del trabajo y me dirigía a casa de mi madre, la guagua me dejó donde siempre. Al cruzar me acerqué a un edificio al que todos en Las Palmas conocen como "la casa del coño". Vi un coche policial en la esquina y una zona de acera acordonada, custodiada por dos agentes. En el suelo, un cuerpo yacía cubierto por una tela verde, de la que sobresalían unos pies enfundados en sus zapatillas deportivas."Se tiró", oí decir a un joven apoyado en la esquina de enfrente.
¿Quién sabe todo lo que sintió y pensó el fallecido antes de acercarse a la ventana?, me horroriza pensarlo.
¿Quién sabe todo lo que sintió y pensó el fallecido antes de acercarse a la ventana?, me horroriza pensarlo.
Cuando volví una hora después a coger la guagua en ese mismo sitio, ya no había nada, sólo un tramo de acera aún mojado, supongo que porque habrían
limpiado la sangre, y aunque intenté evitarlo, tuve que pisar ese rastro de agua para poder acceder a la parada sin pisar el asfalto en una calle con tanto tráfico. Entonces me estremecí pensando que mi suela se habría quedado impregnada,
en una infinitésima parte, de material genético del
infortunado.
Estúpidamente pensé que a lo mejor
su espíritu, su alma o lo que sea, quizá todavía rondaría por esa zona,
aún sin saber qué ha pasado.
La vida seguía con su imperturbable normalidad.
Será un mecanismo de defensa para no estar en un llanto continuo, pero es tan horrible como comprensible, que en las ciudades, como somos tantos, y todos los días ocurren tantas cosas, sólo si te toca de cerca, puedes percibir algo así como la tragedia que es, en toda su dimensión.
Para el universo ha sido una tragedia, sí, pero una tragedia que parece carecer de importancia.
Para el universo ha sido una tragedia, sí, pero una tragedia que parece carecer de importancia.
Además, si es cierto que hay una especie de pacto de silencio para no publicar los casos de suicidio, (para evitar imitaciones), este hecho pasará prácticamente desapercibido. Tan relevante para el conjunto de lo que existe como una gota de lluvia, o una hoja que cae marchita. El tren de la existencia no se para por nada.
Y algo así será cuando nos toquea irnos a cada uno de nosostros, haciendo bueno el dicho de "no somos nada". La conciencia de que toda nuestra enorme importancia como seres humanos es compatible con nuestra irrelevancia como miembros de todo lo que existe, de nuestra grandeza y pequeñez, siempre me ha llamado la atención, y es toda una llamada a la humildad.
Me impresionó ser testigo de este drama, y se me pasó por la cabeza todo esto que ahora comparto contigo.
Y algo así será cuando nos toquea irnos a cada uno de nosostros, haciendo bueno el dicho de "no somos nada". La conciencia de que toda nuestra enorme importancia como seres humanos es compatible con nuestra irrelevancia como miembros de todo lo que existe, de nuestra grandeza y pequeñez, siempre me ha llamado la atención, y es toda una llamada a la humildad.
Me impresionó ser testigo de este drama, y se me pasó por la cabeza todo esto que ahora comparto contigo.
Fíjate que cada vez creo más en que nada queda en el olvido, en que nada se pierde... Rollos místicos míos...
ResponderEliminarY yo que cada vez pienso más en nuestra irrelevancia. Por decirlo de una manera irónica, que el día en que uno "estire la pata", viene "el camión de la basura", nos recogen con pala y cepillo, y aquí no ha pasado nada.
ResponderEliminar