Aunque racionalmente sé que no voy a domar caballos clavando los tacones de mis botas en el barro, ni tirando de las bridas de un bronco americano, me gusta engañarme creyendo que siempre hay tiempo.
Tampoco seré la estrella del próximo mundial, ni un gran científico que a base de mezclar líquidos burbujeantes, halla la fórmula de la eterna juventud o el ungüento universal.
Pero, aceptando que eso es así, nos queda la figuración para pasar el rato y traspasar las barreras que la realidad nos impone. Supongo que todos lo hacemos, y ahora comparto con ustedes algunos de esos pensamientos de evasión que aveces me asaltan.
Pero, aceptando que eso es así, nos queda la figuración para pasar el rato y traspasar las barreras que la realidad nos impone. Supongo que todos lo hacemos, y ahora comparto con ustedes algunos de esos pensamientos de evasión que aveces me asaltan.
Ser surfero en Hawai, motero en Arizona, explorador en el Orinoco, granjero en Tanzania o fotógrafo del National Geographic. Detective con sombreo y gabardina, galán de telenovelas, periodista del Water Gate, pastor en Asturias.
Aún a riesgo de parecer a Sabina y la canción del Pirata, tengo más cosas por hacer: meter el gol de la victoria, culminar la maratón, salvar a la chica, detener a los malvados, liberar a los secuestrados, premiar a los inocentes.
Agradecer el Oscar, cantar en un estadio, trabar amistad con un gorila, bucear entre las ruinas de un galeón hundido, vivir sin horario, escribir "Madame Bovary", ser un virtuoso del piano, dar con la solución a la polución, ser un Papa moderno, correr por un prado, tener 20 años, leer los labios, vivir sin miedos, conocer los secretos, operar a corazón abierto.
Benditas fantasías, cuya función es hacer que por un rato salgamos del mundo real y transportarnos a otro para hacer más llevadero éste, o simplemente, ser un entretenimiento mental.
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