la cosa está malamente

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20 septiembre 2014

Decir la verdad


Lo que voy a compartir con ustedes es una de esas conclusiones a las que llega uno un día y descubre (con sorpresa, alegría y orgullo), que le facilita a uno la vida y que todo lo que trae es para bien. Me refiero a decir siempre la verdad.

No es que antes fuera un mentiroso. Lo cierto es que decía la verdad, pero creo que más por cuestiones morales, a lo que hoy añado además, un componente práctico.


Creo que no hay contradicción afirmando que la gente tiene derecho a tener secretos, y que no es necesario decir siempre todo. Hace muchos años leí en un cómic que existía un proverbio árabe que decía "la palabra es plata y el silencio es oro". No sé si es un proverbio real, pero si no lo es, merecería serlo.

Y eso que en ocasiones, (muy pocas), está justificado no decir la verdad en defensa propia. Por ejemplo, ante preguntas impertinentes. O esas mentiras que se dicen para evitar un mal o para hacer el bien. Son las que tienen ese nombre tan bonito de "mentiras piadosas".

Sí, llegué a la conclusión de que la sinceridad, y hasta la absoluta transparencia, ayuda a ser más feliz. Es liberador, ayuda a dormir, da seguridad, y es mucho menos cansado. 

No te hace más guapo - en mi caso, tampoco es que eso sea posible ;) -, pero todo son ventajas.

Como supondrán, no me refiero a esos que disfrazan de sinceridad lo que no es más que falta de tacto o, directamente, mala educación.

No todo el mundo es igual. Lo cierto es que para que esto funcione, es mejor no tener demasiadas cosas que esconder. A la gente que miente muy bien y no le provoca conflictos morales hacerlo, quizá le compense la insinceridad. Pero me conozco y se que no cumplo ninguno de esos supuestos. A día de hoy, algo que valoro mucho es la paz de espíritu y tener el alma tranquila.

Pero ni aún los virtuosos de la mentira se benefician de los aspectos prácticos de la verdad.


El que dice la verdad no cae en contradicciones. Sólo tiene una versión de las cosas, no necesita inventar nada. Está en coherencia consigo mismo y su parecer de las cosas. La gente aprecia la sinceridad y castiga la mentira. Y proporciona el orgullo de hacer lo correcto.

No siempre es fácil, a menudo hace falta valor para decir la verdad. A veces has de pasar un mal trago, pero mi experiencia es que suele ser menor de lo que creía. La suerte sonríe a los valientes, y además la gente admira la integridad y respeta el valor.

Integridad y valor ayudan a hinchar el pecho y a sentirse mejor. La mentira tiene las patitas cortas y quizá te salve de una apuro inmediato, pero la verdad proporciona mejores resultados a medio y largo plazo por su sostenibilidad en el tiempo.

Satisfacción y resultados: ¿No son suficientes motivos?. Pues con toda sinceridad, he acabado mi alegato.





4 comentarios:

  1. D. Adolfo, como siempre, pones voz a los pensamientos de la humanidad. Que facilidad para mostrar los entresijos del saber. Un auténtico escribiente de la verdad absoluta.

    Respecto al proverbio árabe del que hablas -¿que clase de cómic leías, no te compraban al capitán Trueno?- añadiría, sólo por molestar otra clásica frase de la que desconozco su origen: Prefiero ser dueño de mi silencio que esclavo de mis palabras.

    Para dar más el coñazo te adjunto enlace de canción de Sabina que viene al caso: https://www.youtube.com/watch?v=BYo88T7Q6Jk

    ...y como bien dice Nicolás Fabelo en verdad que me ha gustado mucho.

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    1. Usted que me lee con buenos ojos, D. Isleño.Sólo soy alguien que expone lo que le ronda por la cabeza por autoprescripción e ignorando los posibles efectos secundarios.

      No recuerdo de qué era el cómic, la verdad. El Capitán Trueno, Flash Gordon, El Jabato, no sé.

      Sabina, el un maestro de las canciones que tocan los sueños de todos.

      Gracias Enrique, siempre amable y afectuoso con este perturbado que le escribe.

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Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.