Hace tiempo,
recuerdo haber visto noticias de los típicos estudios que aseguraban que la
educación segregada por sexos producían un mejor rendimiento académico y de
que había cierta tendencia volver una ese modelo.
Pero no creo que valga la pena.
Incluso aunque así fuera, que los niños rindieran más en sus estudios, pienso que el colegio debe ser algo más que un lugar donde aprender ciencias y letras. También sería bueno que se transmitieran normas y valores (aunque eso sea responsabilidad principalmente de los padres), y que sobre todo, enseñe a vivir en el mundo. Y en el mundo hay hombres y mujeres.
Sí, tenemos los mismos derechos obligaciones y así debe ser, pero no somos
(por fortuna), exactamente iguales.
Creo que esa separación dificultaría la posterior socialización de los jóvenes
y la normal convivencia con la gente del otro género, simplemente por
desconocimiento. Y una muestra de lo que digo soy yo mismo.
Allá en el pleistoceno, cuando iba al colegio, era normal que se dividieran
los centros por especialización en "de niños" y "de niñas".
No digo que los de mi generación seamos unos trastornados, pero con una
dificultad añadida, puede que sí.
Resulta que en mi caso concreto (y en el de mis hermanos), además, no tenemos
hermanas, y aunque sí tuvimos una educación muy femenina (de
mi madre, abuela y tías- elemento muy interesante para una película
de Almodóvar-), en aquel entonces, los adultos se ocupaban de los niños, nos cuidaban y
daban cariño pero "no nos hablaban". El mundo de los adultos y de
los niños, pocas veces se mezclaban.
Tuve además, la
mala suerte de que cuando fui al instituto, era el segundo año en que era
mixto, con lo que en mi clase sólo había una chica. Una matada tripitidora, que
lógicamente, ignoraba a esos enanos de sus compañeros. En fin, que no había
apenas chiquillas con las que entrenar.
Así que cuando
empezaron a interesarme las muchachas no tenía ni idea de si funcionaban con
códigos muy diferentes, qué les interesaba, y qué podía pasar por sus cabezas.
El extremo opuesto a la naturalidad con la que los adolescentes actuales
conviven con sus compañeros/as de clase.
Súmese mi proverbial timidez
de entonces a que mis amigos no eran mucho menos pardillos que yo.
Tuvimos que ir aprendiendo de forma autodidacta y con el famoso ensayo-error a la hora de acercarnos a ellas.
Un proceso lento y difícil para luego llegar a la
conclusión de que, en el fondo, en lo esencial, se parecen mucho a nosotros.
Eso sí, (en el terreno menos profundo), con lenguaje, intereses y formas
diferentes, cosa que supongo, es lo que hace que nos fascinen.
Pero pienso en el trabajo que me hubiera ahorrado si desde pequeño hubiera
tratado con normalidad con ellas en las cosas cotidianas
de la vida, colegio, estudios, primeras amistades, etc.
En fin, ese proceso supongo que no tiene fin y sería ilusorio -a la vez que pretencioso
por mi parte- decir que ahora conozco a las mujeres. Siempre habrá, al menos para mí, una
gran parte de misterio en ellas.
Pero a veces me entra la paranoia y me pregunto que si ese tiempo perdido
y ese aprendizaje a trompicones no tendrá su reflejo en la persona que soy hoy, y que de alguna
manera, las entienda aún menos de lo que creo y que todavía mi relación con el
sexo opuesto no es del todo "normal".
Bien, si fuera el caso, no sé si a estas alturas eso tiene remedio.
Hablando de alguien que no entiende a las mujeres,
siempre me ha hecho gracia esta escena.
Me sucedió exactamente lo mismo. Firmado, uno de esos pardillos.
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