la cosa está malamente

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06 marzo 2015

Belleza II


Hola gente,  el otro día vi un reportaje televisivo sobre uno de mis iconos de la infancia, Errol Flyn. (Es que antes ponían muchas películas clásicas, no sé porqué ahora prefieren cualquier coñazo policíaco lleno de tópicos pero actual, a poner alguna “en blanco y negro”).

Bueno, el caso, es que me llamó mucho la atención una cosa. ¿Como es posible que un macarra de Tasmania, (que era el quinto pino hasta para los australianos); al que echaban de todos los colegios y que estaba en el punto de mira de la policía por sus trapicheos y oscuros negocios, se convierte en una estrella de Hollywood y multimillonario (aunque al final se arruinara, ...en fin el alcohol, las drogas...).

Y lo que traslucía de las respuestas de las personas que le conocieron (familiares, gente del cine y otros), es que lo consiguió todo porque era tremendamente guapo. Guapo, alto, con buen porte y capaz de seducir a cualquier mujer.

Con esas armas se comió el mundo. No sólo hablamos de las seguramente miles de mujeres que pasaron por su alcoba, sino que hizo lo que le dió la gana: disfrutaba con su velero, visitó la guerra civil española, viajes, fiestas, asiduo del Tropicana, su primera película fue la más cara hasta el momento y le dieron el papel  protagonista.

Y todo, literalmente por su cara bonita. Como dijo una de sus ex esposas, “cuando lo vi estaba pescando sin camisa, estaba bronceado, el pelo se le había puesto rubio y con esos ojos verdes, ¡era imposible no enamorarse de él!”.

En fin, que me hizo pensar en lo condicionados que estamos por la belleza. Como dije en el anerior post "Belleza", la gente guapa ganaba nosequé % más que el resto, y era fundamentalmente, porque de manera incosciente, tendemos a confiar más en los guapos, y esto hace que puedan escalar social y profesionalmente más que los demás.

Los putos genes nos hacen ser así, y determinan que alguien tenga más posibilidades de ser feliz que otros. (En realidad se puede aplicar a otras cosas muy determinadas por la genética, estatura, fortaleza, tener más o menos pecho en las mujeres, etc).

Cierto es, que valoramos además otras cosas, pero yo lo digo desde el punto de vista no del afortunado que recibe esos dones (o lo contrario, a quienes los genes le hacen una faena), sino el efecto en los demás, que nos obliga a pagar más, a confiar más, a querer estar más cerca de los guapos que del resto. ¡Que canalla la naturaleza, que nos obliga a ser así de perversos!.

Por supuesto, todo esto lo negaremos en pro de la corrección política, pero somos animales, y parte de lo que somos y sentimos no lo controlamos.
















      

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