la cosa está malamente

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16 agosto 2013

Una conversación de taxi



Una noche de hace mucho tiempo, cogí un taxi en mi ciudad. Mi recuerdo es muy vago, pero, sé que tuvimos, el taxista y yo, la típica conversación de taxi.

El hombre debía tener algo más de los cincuenta y cinco años y lo recuerdo con una barba entrecana.

No recuerdo cómo fue la deriva de la charla, pero sí recuerdo que tras haberme dicho que estaba casado, me contó que algunas noches iba a una discoteca para gente de su edad, (yo era mucho más joven entonces), y me dijo que a veces, si la cosas iba bien, ligaba con alguna de las mujeres del local. Y al decirme esto, se volvió hacia mí y  con cara de pedir perdón, me dijo algo así como "es por la ilusión, ¿sabes?". 

Me hizo pensar. No seré yo quien le juzgue. Fundamentalmente porque, como es lógico, no tengo ni idea de cómo era la vida en su hogar ni con su esposa en particular, no sé ni su nombre. Precisamente por eso me tomo la libertad de dar espacio a mi imaginación. 

No parecía un putero ni un desconsiderado. No nos engañemos, la vida es complicada, difícil para la mayoría, aunque por supuesto que tiene sus ratos buenos.

Me imagino a un hombre con 30 años de casado, con hijos mayores que ya no viven en casa. Como taxista hará un montón de horas al día, y su casa apenas la pisará para almorzar y para estar un rato delante de la tele hasta que el cansancio le venza y se vaya a dormir.

Me imagino que quiere a su mujer, pero quizá no han sabido cuidar esa relación, y les une más una mutua dependencia y un cariño fraternal que el amor romántico que un día sintieron. Quizás se han convertido en algo así como hermanos, familiares muy cercanos pero con, muy de cuando en cuando, derecho a roce.

Alguna noche, quizás por casualidad o llevado por un compañero, descubrió eso de que hay lugares donde aún podía recuperar eso tan mágico, y que ya apenas recordaba, como es el filtrear.

Volvió a sentir lo que significaba coquetear con una mujer, y aveces, ser correspondido. Gustar y ser gustado, desear y sentir que aún puede ser deseado: "La ilusión".

Las más de las veces no pasará de una conversación más o menos agradable con alguna mujer de alma semejante. Pero todo esto es como un tobogán engrasado. Es muy fácil caer y difícil saber hasta qué punto es tolerable llegar y cuánto pesan las razones para frenar.

Seguramente su vida no está repleta de alicientes, y ha encontrado alguna fórmula para atemperar la mala conciencia y poder seguir alimentando su cuerpo y alma de regaladas caricias. Al fin y al cabo, esto es la herramienta que ha encontrado para ir tirando en esta sucesión de días que es la vida.

Pero claro, no sé nada de él, y puede que la realidad no tenga nada que ver con este juego mental que ha sido imaginar cómo sería este aspecto de su vida.





1 comentario:

Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.