El otro día estaba de charla con un amigo y surgió el concepto de "Crisis de los 40", (o de "a partir de los 40" que diría yo), y me quedé pensando qué podría ser eso.
Y me lancé a elaborar mi teoría, por supuesto, sin ninguna base científica y sin haber leído nada del tema. Solo mi intuición y mi desvergonzado atrevimiento.
Se trata ésta de una enfermedad que le puede dar a cualquiera y en el momento más inesperado. A esta famosa crisis se la suele diagnosticar por sus síntomas: Algo así como un cambio repentino de comportamiento que hace que el antes aparentemente juicioso elemento, pase a comportarse con la mala cabeza de un adolescente para desconcierto de su entorno. ¿Pero qué puede haber pasado?.
Yo creo que este fenómeno, aunque se manifieste de forma repentina, se incuba durante años. Me explico:
Sobre los 40 se supone que te has "estabilizado", profesional y personalmente. La gente con suerte tiene trabajo, (incluso el mismo trabajo desde hace años), familia, paga su hipoteca, etc. Pero esa estabilidad tiene su cara oscura, que algunos llaman "rutina".
El sujeto afectado, piensa que el día de hoy es igual que el de ayer, y tiene el convencimiento de que el de mañana será idéntico al actual en una sucesión de días indistinguibles.
Y de esa consciencia surge el pánico, y de éste, -que no es el mejor consejero-, las reacciones más dispares.
Para estupor de sus allegados, se toman decisiones aparentemente extravagantes: unos se compran una Harley-Davidson y se ponen su chupa de cuero para demostrar que aún son rebeldes e inconformistas. A otros les da por deshacer la relación de pareja que consideran insuficientemente satisfactoria y se ponen a intentar ligar con chicas, (a ser posible más jóvenes), para demostrarse que aún tienen atractivo y pueden disfrutar de la belleza. A otros les da por empezar con el yoga u otras formas de espiritualismo, la búsqueda interior, de "la verdad".... o viajar, o vestir como un veinteañero, o a apuntarse -por fin- en el gimnasio que siempre miró con desdén.
Todo el porqué lo resumiría en un: "aún estoy a tiempo", "todavía me queda mucho por vivir y necesito experimentarlo". Es como un deseo desesperado de vivirlo todo, de decir "no todo está dicho", de llenar la vida de emociones.

"¿Y a éste qué le pasa?", piensan los boquiabiertos familiares y amigos. Normalmente, lo condenan, se burlan, lo juzgan con negatividad. Yo no lo hago. En algunos aspectos creo que el paciente tiene su punto de razón.
Cierto que en ocasiones es una decisión que tiene costes; algunos menores, como dolores lumbares en el gimnasio o la rotura de alguna cremallera del pantalón que ya no te cabe. Otros más costosos, como los que rompen sus parejas o se meten en aventuras extramatrimoniales.
Hay reacciones que dependen mucho de la economía, y los hay que se deben conformar con desvaríos baratos como dejarse el mucho o poco pelo que les quede largo y amarrárselo en una coleta, o ponerse los pendientes y/o tatuajes que no se atrevió a tener cuando era más joven.
¿Porqué creo que es un fenómeno que afecta más a los hombres que a las mujeres?. No tengo ni idea, pero quizá sea eso de que las mujeres suelen valorar más ese concepto de "estabilidad", que los hombres miran con un poco más de recelo.
¿Porqué no les da a todos?. No sé. Me imagino que no todo el mundo piensa lo mismo y por tanto no llega a las mismas conclusiones. Otros quizá piensen así pero no se atreven a salirse del carril por los costes asociados. Otros, los más prudentes, sólo harían pequeños giros. También habrá los que piensan que en la vagoneta no se está tan mal. Y otros no verán ni carril ni vagoneta, ni nada.
No juzgo. Ni critico ni aplaudo, porque cada uno sabe sus circunstancias y anhelos. No sé si esto de la "crisis de los cuarenta" se parece a lo que he escrito o es simplemente, otro de mis entretenimientos mentales. Lo que sí sé, es que ante este padecimiento, no tengo ni respuestas, ni vacuna.
Todo el porqué lo resumiría en un: "aún estoy a tiempo", "todavía me queda mucho por vivir y necesito experimentarlo". Es como un deseo desesperado de vivirlo todo, de decir "no todo está dicho", de llenar la vida de emociones.
"¿Y a éste qué le pasa?", piensan los boquiabiertos familiares y amigos. Normalmente, lo condenan, se burlan, lo juzgan con negatividad. Yo no lo hago. En algunos aspectos creo que el paciente tiene su punto de razón.
Cierto que en ocasiones es una decisión que tiene costes; algunos menores, como dolores lumbares en el gimnasio o la rotura de alguna cremallera del pantalón que ya no te cabe. Otros más costosos, como los que rompen sus parejas o se meten en aventuras extramatrimoniales.
Hay reacciones que dependen mucho de la economía, y los hay que se deben conformar con desvaríos baratos como dejarse el mucho o poco pelo que les quede largo y amarrárselo en una coleta, o ponerse los pendientes y/o tatuajes que no se atrevió a tener cuando era más joven.
¿Porqué no les da a todos?. No sé. Me imagino que no todo el mundo piensa lo mismo y por tanto no llega a las mismas conclusiones. Otros quizá piensen así pero no se atreven a salirse del carril por los costes asociados. Otros, los más prudentes, sólo harían pequeños giros. También habrá los que piensan que en la vagoneta no se está tan mal. Y otros no verán ni carril ni vagoneta, ni nada.
No juzgo. Ni critico ni aplaudo, porque cada uno sabe sus circunstancias y anhelos. No sé si esto de la "crisis de los cuarenta" se parece a lo que he escrito o es simplemente, otro de mis entretenimientos mentales. Lo que sí sé, es que ante este padecimiento, no tengo ni respuestas, ni vacuna.
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