la cosa está malamente

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06 julio 2014

La felicidad en un vaso de Mirinda

"Cualquier tiempo pasado fue mejor". Esta frase la entiendo y no creo que la gente suela decirlo por el contexto socio-económico que había en sus tiempos mozos, sino fundamentalmente porque entonces eran más jóvenes, y tuvieron sus mejores vivencias.

Recuerdo una entrevista a uno de los creadores de la serie "Cuéntame", en la cual le preguntaban acerca de las razones del éxito de la serie. No recuerdo la respuesta literalmente, pero venía a decir algo así: en el cine, los años anteriores a los 80 los ponen como grises, y gran medida lo fueron, pero no puedes hacer creer a la gente que sus mejores años fueron en blanco y negro.

La memoria es selectiva, y tiende a idealizar lo vivido. Se olvida de los días de rutina, desprecia los malos ratos que se quedan como cicatrices que nos curten, y se centran en recordar la época en que éramos más guapos, más inconscientes, con menos responsabilidades, con todas las potencialidades, todo por hacer, por descubrir, cuando había tiempo para todo. Los días en que nos reíamos más, bailábamos más.

No me parece correcto vivir en la nostalgia, pero sí de vez en cuando recrearnos en los tiempos de vino y rosas. Y ahí se pueden mezclar recuerdos de infancia y juventud.

Antes teníamos menos años, sabíamos menos, errábamos más, estábamos protegidos. Época de amigos, de risas, de correr y gritar.

Y siempre ocurrió así. Cada uno con la vida que le tocó, más o menos dura, pero siempre tuvo una época de verbenas y bailes, de coqueteo y chismes.

Cambian los objetos, los bienes, las costumbres, pero no la esencia humana.

Sea la infancia, con su época de inconsciencia, de juguetes caros o con "muñecas de caroso" (piñas de millo a las que las niñas ponían ropita para hacer las veces de muñecas, en tiempos de mi abuela). Persiguiéndose por la calle con zapatos rotos, o en casa ante la Wii. Cumpleaños y triciclos, caramelos y carreras.

Sea la juventud, de amigos y pandillas, de playas y futbolines, juegos de cartas y tonteos.

Veo a muchos de los que dicen esta frase mirándose al espejo y se imaginan a sí mismos cuando no tenían dolores, ni tripita, ni alopecia, ni arrugas. Con vitalidad y un futuro por escribir. ¡Cómo no van a pensar así!.

Como dije, no es bueno vivir en la nostalgia, pero sí está bien que el día que nos veamos viejos y miremos atrás, salga una sonrisa y digamos: "lo he pasado bien".





  

  


  






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