la cosa está malamente

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11 julio 2015

Porqué me gusta la historia

"Alice" 1877
Si alguno de ustedes ha cometido la insensatez de leer alguna de mis anteriores entradas se dará cuenta de que una de mis obsesiones es el paso del tiempo y de lo irrelevantes que somos cada uno de nosotros en el contexto de todo lo que existe.

Supongo que en gran medida, por eso me interesa la historia. También me he dado cuenta de que me interesan más las pequeñas historias personales que los grandes datos históricos. Me imagino que en realidad me resisto a pensar que todas las personas que han existido, con toda su grandeza (en el sentido humano, no de títulos, fama o dinero), deberían tener derecho a trascender de alguna forma. Y saber de ellos, (quiero creer), que conlleva que no desaparezcan del todo.

Supongo que me asombra que los que hoy somos carne, hueso y emociones, pronto nos diluiremos en el ciclo de la vida donde las virtudes y defectos no supongan nada, porque así ha sido y así ha de ser. No sé si en ello está implícito el pueril y absurdo pensamiento de no ser olvidado del todo cuando ya no esté.

Pero aún más que los hechos históricos como conocimiento, me interesan los objetos antiguos, y cuanto más cotidianos y personales, mejor, porque son la evidencia física de que hubo otras personas que los tuvieron en sus manos. Y el hecho de que sean cotidianos lo digo porque nos acerca a ellos aún más. Por ejemplo: un peine me habla de coquetería, algo que existió siempre y siempre la habrá. Una cuchara me iguala en el acto de todos los días. Unos cordones (1790) me llevan a imaginar que hago el mismo gesto que alguien de hace siglos al atarme los zapatos.

Por eso si los veo, o mejor aún; si los toco, es como si de alguna manera me conectara con esas personas que ya no están. De la misma forma que si alguien del futuro toca un objeto mío, estárá palpando algo que estuvo presente en mi vida, notará la misma textura que yo, y tendremos algo en común,  por intrascendente y mínimo que sea.
Hoz SXIX

Se me ocurren más ejemplos: veo unas herramientas del campo, y pienso en los que las usaron. Los hombres sencillos, (que son los que sustentan las naciones), son los que realmente me importan. Si pudiera tocar esos objetos rugosos, de mango de madera, me imagino unas manos callosas, en ocasiones con llagas, que los cogió. Me invento a un hombre de ropas humildes que se yergue para limpiarse el sudor con el reverso de la misma mano que sostiene la hoz. ¿Qué pensaría de su vida?, ¿que esperanzas tenía?, ¿que valores enseñó a sus hijos?, ¿se sentía desgraciado con su dura vida, o feliz?.

Guante de mujer, SXVII
Veo un bonito guante antiguo. Un objeto que estuvo en contacto con la piel de alguien, y me invento la imagen de una bella dama. ¿Quien se inclinó para besar esas manos?. ¿Ante quien dobló sus rodillas en una respetuosa reverencia?, ¿qué cuchicheó en las reuniones de sociedad?, ¿que le angustiaba?, ¿qué le ilusionaba?, ¿con qué reía a carcajadas?.

Ahora se cumplen los 200 años de la batalla de Waterloo. Puede tener interés pensar en la estrategia de Napoleón o del duque de Wellington. Pero a mí me interesa más pensar en el hombre que llevaba puesto este sombrero.¿Qué pensaba en los momentos antes de comenzar la batalla?, ¿tenía miedo?, ¿de quién se acordaba?, ¿a quién se encomendaba?, ¿porqué estaba allí?, ¿qué le pasó?.

Por todo ello, me produce una sensación de absoluto respeto por esas pruebas materiales de bienes que se crearon para que alguien como tú o como yo los usara. Esas ropas u objetos, dieron calor a alguien, la hicieron más bella, le acompañaron en momentos de risas o de tristezas, o simplemente le dieron de comer.

Algo parecido me ocurre con los retratos. Cada rostro ha sido único en la historia de la humanidad. Cuando se hiceron esos retratos eran personas plenas, con un corazón que bombeaba sangre, (como el tuyo), y al igual que nosotros, hicieron la mayor parte de su vida sin pensar en la fugacidad de la vida, y sin imaginar que alguien como yo, (alguien que aún no existía), pensará en ellos cuando sólo sean polvo.

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Madame Rimsky-Korsakov (1833-78)

Prenda femenina del SVIII
Traje de mujer SXIX

Sombrero SVIII
Prenda masculina SXVIII
Herramientas agrícolas sobre 1625-1640

Herramienta SXIX


Campesinos Canarios 1893



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