la cosa está malamente

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09 octubre 2015

Odio


En ocasiones participamos en conversaciones, chismorreos en los que se critica a alguien o asistimos a discusiones donde hay una manifiesta animadversión. Pero suele ser algo puntual y no de importancia. Yo lo atribuiría a las pequeñas miserias propias del ser humano.

Pero en ocasiones, me sorprende ver una manifestación de odio en alguien. No me refiero al que pueda salir en una discusión de tráfico, fruto de un calentón, sino algo más arraigado, más interior. Extraño sentimiento el odio.

Intuyo que hay mucho de genética en la facilidad de odiar, y como siempre, el resto de la formación vital es el que desarrolla más o menos esa capacidad.

Esto lo digo, porque es un sentimiento que si bien siempre intenta proyectarse hacia el otro, en realidad, sólo se expande hacia dentro.

El odiado no tiene ni porqué enterarse, no afectarle, y menos aún, si se odia algo más inconcreto: "odio a los Hipster", "odio a los nepalíes".

Cuando este sentimiento va más allá de lo pasajero, de lo anecdótico, se arraiga en el interior, y es a ese alguien a quien perjudica. Como ponerse una brasa en el corazón.
 
Es extraño, porque al primero al que afecta es al odiadior. Se tata de un sentimiento demasiado interno que consume demasiado tiempo y sobre todo, energía, para que realmente valga la pena. Al final, es el triunfo de lo odiado porque provoca malestar, frustración, dolor al odiador, incluso sin proponérselo.

A menudo es un sentimiento basado en prejuicios y desconocimientos que pueden llevar a lamentables errores y a complicar la vida del odiador, aumentando su susceptibilidad y generando conflictos que no existirían con un análisis más sosegado y racional. Todo ello provoca un mal ambiente alrededor del odiador que se vuelve en su contra.

Es como la gente que está convencida de que hay una conspiración universal para fastidiarle y que todo el mundo es malo. Si fueran capaces de no ser tan egocéntricos y se atreviesen a mirar sin prejuicios a los otros, quizá se darían cuenta de que el problema sale de su propia forma de relacionarse con los demás. Si te centras en mirarte al ombligo, te puedes perder muchas cosas.

¿Porqué existe el odio?, ¿nos es útil como especie para defendernos de amenazas o nos complica la existencia?. ¡No sé!. ¿Algún psicólogo/antropólogo que me lo explique?.

¿Qué es lo sensato?. No soy buenista. Simplemente me baso en la intuición, y mis años son suficientes para saber que la mayor parte de la gente es buena. pero es cierto que existen los capullos, esos cabrones que hacen daño a los demás (mucho o poco), si eso les beneficia. 

A veces odio a los fanáticos que decapitan inocentes, a los terroristas, a los que abusan del débil, a los que comenten injusticias, a los que explotan, a los malvados. Por supuesto que debemos defendernos racionalmente de ellos con la contundencia que las circunstancias exigieran, pero sin odio. 

En esos momentos, no me reconozco, no me gusto, pero normalmente, consigo dejarlos en un plano ajeno a mí, y se me suele pasar cuando termina el telediario. Sólo puedo sentirme afortunado de sentirme bastante libre de odiar.

¿Y si eres una víctima directa?, ¿vale la pena odiar?. Aunque luchemos contra nuestra naturaleza que nos lleva a odiar a quien nos hace mal, pienso que el odio no compensa. La razón principal es que sin saberlo, (ni tú ni él), le entregas al odiado el poder de hacerte daño. 







2 comentarios:

  1. Tienes razon. Personalmente tendria razones para odiar..pero a pesar del lo fatal que lo pasé a lo largo de mi vida, no siento odio por nadie. Creo que quien no sabe odiar nunca llegará a hacerlo. Simplemente se deja atras y por eso no damos tierra fertil a la semilla del odio

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    1. Pienso que si eres capaz de no odiar eres mucho más libre. Se vive mejor con el corazón limpio y sin cargas.

      ¡Gracias Salva por tu comentario!.

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Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.