Recuerdo una
conversación de pasillo hace años, en la que una compañera dijo: "me
gustaría ser un hombre", "¿porqué?" , le pregunté, "porque, por ejemplo,
yo no puedo hacer eso". Miré atrás y vi a mi compañero siguiendo la
conversación repantingado en un sofá. Es cierto, una mujer está obligada
a ser una dama las 24 horas del día.
Supongo que esto no va a ser fácil ni beneficioso para mi, pero ya me he metido en tantos jardines que bueno, uno más. No
pretendo hacer una guerra de sexos, ni competir con que si la vida es más
dura para hombres o mujeres. Doy por hecho que vivir no es fácil para casi nadie.
En los tiempos de nuestros padres y abuelos, creo que la vida era más dura, y obviamente, se pasaban más carencias, pero también era más simple en el sentido de que los roles de unos y otros estaban muy marcados, y eso hacía que los pasos a dar al diseñar tu vida y tu forma de comportarte en ella no daban mucho espacio para la elucubración.
Ahora vivimos unos tiempos en los que creo que se mezclan conceptos antiguos con nuevos de forma desconcertante para todos. Esto es, en parte se siguen teniendo unos roles sociales para cada género (aunque sea de forma que no nos apercibamos de ello), y en parte, vivimos sin guías claras.
La razón que explicaría el porcentaje de ausencia de reglas claras está en que nos hemos hecho modernos de un día para otro, y hemos decidido hacer una enmienda a la totalidad a todo lo antiguo, pues consideramos que se basan en "normas machistas derivadas del hetropatriarcado" -palabra que está de moda, a mi parecer, con poco acierto-.
Este abandono de todo lo antiguo se hizo por una especie de pudor que posee y poseyó una generación que vino después de la democracia, y que quiso separarse tanto de la estigmatizada educación anterior que prefirió evitar cualquier rastro de la misma. Para bien y para mal.
Esta desquiciante situación de incertidumbre en las que no sabemos cómo debemos comportarnos (como hombres) en relación a los demás, más allá de las lógicas normas de respeto y bonhomía (con la pareja, hijos, resto de la sociedad), es desconcertante.
Sin duda el error está en pensar que por ser 'un hombre' tenemos que comportarnos de una determinada manera. ¿Porqué no comportarnos simplemente como somos cada uno, independientemente del sexo al que se pertenezca?. Yo comportarme como soy, tú cómo eres tú y ya está. Supongo que eso sería lo mejor, pero también creo que hay fuerzas invisibles que están en contra de esta posibilidad.
Y es que el inconsciente colectivo es muy poderoso. Por ejemplo, los hombres aún nos seguimos sintiendo los principales responsables de llevar un trozo de carne de mamuth a nuestra cueva. El reflejo es especialmente visible en los rostros de los hombres desempleados de más edad, que se sienten profundamente abatidos por no cumplir con su papel. Por defraudar a su familia.
Recuerdo una ocasión en que me encontré con un conocido. Se llamaba Jackson y se trataba de un nigeriano al que tras preguntarle cómo le iba, me dijo: "yo, mucho problema". Charlando con él me contó que estaba muy preocupado porque no tenía trabajo y él era "el hombre", que si fuera mujer podría estar más tranquilo, de alguna manera, desentenderse de la responsabilidad de sacar adelante el hogar. Bueno, es una forma de ver las cosas muy machista (cosa bastante frecuente en el África negra), pero que de forma más sutil, aún persiste aquí.
Nos hemos preocupado, como es lógico, de intentar desterrar las cosas negativas que el machismo trae para la mujer, pero nos hemos olvidado de que es un fenómeno con dos caras y que también afecta negativamente al hombre; y no nos hemos ocupado tanto de combatir los efectos perniciosos que para el varón también trae. Seguramente porque casi nadie se preocupa de ver al hombre como victima de la cultura común.
Es cierto que la llamada "liberación de la mujer" tiene mucho de fraude, porque ellas tienen que ser independientes, con decisión, trabajar fuera de casa, y en muchas ocasiones, también trabajar dentro de casa. Eso es cierto.
Pero no es menos cierto que también ocurre algo parecido con el hombre, que tiene que asumir su nuevo papel sin abandonar su antiguo rol. Has de ser al mismo tiempo, el
guardián del castillo, la columna que sostiene el peso familiar (como Atlas cargando el mundo); y al mismo tiempo, un
comprensivo e igualitario marido, un padre implicado, un buen ejemplo.
Resulta obvio que lo deseable es que las responsabilidades familiares sean compartidas, eso sí, en todos los sentidos. Puedo sentirme afortunado porque en mi caso, creo que es así.
Pero aún veo muchas mujeres que cuando dicen que le gustan los "hombres que sean hombres", en realidad, creo que se están refiriendo a esos tópicos de hombre de brillante armadura, audaz y resolutivo con el que puedan sentirse despreocupadas y seguras, "porque está él". También veo hombres que juzgan a otros hombres por no parecer lo suficientemente decididos para afrontar la vida sin temores o porque no consiguen tener una familia "exitosa".
De alguna manera creo que ambas ideas subyacen en la forma de pensar colectiva, aún sin que lo sepamos.
Bueno, cariñoso, trabajador, feminista, implicado, y al mismo tiempo, tienes que ser el fuerte; aquel al que todos miran cuando las cosas se ponen feas. No, no puedes tambalear, no puedes resultar dubitativo, no puedes mostrar pánico, no puedes dejar que las cosas te superen, no puedes ser débil. Eres el escudo protector. El último en saltar del Titanic.
Es mucha presión, y supongo que cada uno la lleva como mejor pueda.


Las personas decididas y sin complejos no se preocupan de su sexo a la hora de hacer determinadas cosas, Marie Curie u Oriana Fallaci no esperaron al permiso de ningún hombre ni añoraron serlo para hacer lo que querían, eso en sociedades libres claro, Hirsi Ali tuvo primero que salir de la tiranía en la que vivía.
ResponderEliminarDudo que ninguna de ellas quisiese ser un hombre.
Así es Daniel. Has expuesto una clave: en sociedades libres. Aún así, tuvieron que oponerse a cierta resistencia (al menos Marie Curie, que es la más antigua). Ahora nos toca a nosotros ;)
Eliminar