la cosa está malamente

la cosa está malamente

28 marzo 2015

Contacto Humano

Hace algún tiempo vi un programa de televisión que me dejó meditabundo. Era sobre los problemas sexuales en Japón, todo el documental me pareció tremendo, no tanto por lo que se contaba, sino por el trasfondo de un montón de carencias que tenían muchísimas personas en lo sexual, lo afectivo y lo relacional con los demás.

Por un lado las esposas sexualmente desatendidas y que continuaban con sus maridos, llenas de rabia por lo que les negaban durante años, y por otro, los hombres insatisfechos que buscaban  colmar sus fantasías fuera del hogar.

Me llamaron mucho la atención, la oferta de algunos servicios, en este caso para hombres, donde los clientes pagaban para poder reposar sus cabezas en el regazo de una joven que se dedicaba (exclusivamente), a masajearles las orejas mientras se recostaban en sus rodillas, como un recuerdo de los tiempos en que las esposas japonesas vivían para mimar a sus maridos. O aquellos hombres que acudían a un bar especial en el que, (previo pago), tenían derecho a flirtear y a conversar con las camareras, (y a nada más), comprando esa ilusión de desear y sentirse deseado.

Más impactante era ver como en la megaurbe que es Tokio había como cincuenta “bares de gatos”, donde los clientes acudían a expandir su emotividad con los felinos, simplemente les daban arrumacos y se dejaban rozar por ellos, como válvula de escape a su deseo de dar y recibir caricias.

También está el ejemplo de una señora de Nueva York que alquila por horas el servicio de permanecer abrazada al cliente (previa firma de un contrato en el que se especifica que no habrá contacto sexual).

¿Porqué parece que cuesta tanto que alguien regale algo de afecto o la ilusión del mismo, aunque sea falso e impostado?.

Todo esto me hace pensar en la inmensa cantidad de insatisfacciones que caminan por nuestras ciudades, deseos sin cumplir, frustraciones cotidianas, y no sólo en lo referido a expectativas familiares, sociales o profesionales, sino, lo que es más importante, en las que afectan a nuestras emociones más íntimas.

Todos participamos en alguna medida de mayores o menores frustraciones, pero hay millones de casos que las padecen de forma dramática y anónima, mientras pululan entre el resto de los humanos.

Pero de todas ellas, la que peor me parece es el no sentirse importante para los demás, a veces no suficientemente querido, y muchas, ni siquiera considerado.

¿Cuánta gente está necesitada, (en momentos concretos o de forma permanente), de ese calor humano, de una caricia, de una palabra amable  o de una mirada dulce y directa?.

Y sin llegar a estos extremos, pensando en el día a día de todos nosotros; ¿cómo es posible que generemos culturas en las que es tabú tocarse o abrazarse?, ¿porqué ese pudor?.

¿Nos hace peores o nos mejora?, ¿se acuerdan de la campaña de "abrazos gratis"?.

Creo que el contacto nos acerca a los demás, da humanidad a las relaciones con los otros, y les da cercanía, empatía, porque los demás son reales, están ahí y emiten calor, como nosotros.

Sobre este aspecto me parece extraordinario el proyecto de este fotógrafo que consiste en sacar instantáneas a personas que se prestan a romper esa distancia de seguridad y tocar a gente absolutamente desconocida. Se llama así, "tocando a desconocidos".

Supongo que siempre habrá gente que no pueda o no quiera entender estas cosas, o simplemente, no le gusta que la toquen, y también hay que respetar su parecer.

En fin, no sé si tiene mucho que ver, pero creo que viene bien la canción de Springsteen “Human Touch”.

¡Abrazos a todos!






2 comentarios:

  1. Muy cierto lo que mencionas, Japón es una metrópoli muy tecnológica que merecería ser imitada en este campo, en lo referente a relaciones humanas, a contacto humano, ahí está en debe y más bien es ejemplo de lo que no deberíamos llegar a ser. Esto sucede mucho en las grandes ciudades ya que al confluir muchos desconocidos todos se sienten extraños y la desconfianza por el contacto humano se incrementa. En los pueblos pequeños se da más contacto personal, no se ve esa actitud citadina arrogante y desconfiada, sino se siente un ambiente mas familiar, más íntimo. Hay que rescatar de cada conglomerado humano lo mejor, y no lo peor.

    forastero779@hot

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, anónimo amigo. La acelerada vida cotidiana y la constante visión de caras distintas, quizá haga que en las ciudades nos olvidemos de que somos seres sentimentales, y que por lo tanto, todos necesitamos sentir la consideración, la empatía y el contacto humano.¡ Un abrazo!.

      Eliminar

Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.