Una
de las imágenes que más me agrada contemplar, es cuando me acerco a las
habitaciones donde duermen los niños y los veo en sus camitas durmiendo
seguros y calientes. Confiados y tranquilos, abrazados a un peluche o
sus cartas de Pokémon, porque todo está bien. Sus padres están ahí para
cuidarles y protegerles.
En
estos momentos recuerdo una entrevista a un personaje del corazón que
leí en una revista, donde decía que el exministro Migel Boyer, en el funeral del último
de sus progenitores decía respecto a sus sentimientos algo así como: “te sientes un huérfano, da
igual la edad que tengas”. Me resulta llamativo, especialmente viniendo
de un hombre de cierta edad, y que poco puede temer por su futuro, como
es él, pero le entiendo.
Esto
me hace recordar, que aveces, cuando alguno de los niños me pide que me
acueste un rato con ellos, me echan el brazo por encima, me cogen la
mano o simplemente me miran contentos, se duermen casi de inmediato,
porque confían plenamente en mí, se sienten seguros, como casi cualquier
niño con sus padres.
Lo
que no pueden imaginar, es que yo no me siento tan seguro como ellos.
Ellos confían absolutamente en alguien que no confía en el mundo que le
rodea, ni siquiera confío en mì mismo y tengo miedo de que no siempre
vaya a poder ofrecer esa sensación de confort y tranquilidad a mi
familia, aunque esta última sea una responsabilidad que comparta con mi
esposa. Sólo somos una familia más de trabajadores, como millones. Me siento peleón pero vulnerable, basta con que la suerte quiera darme la espalda un rato.
En cierto modo es como un fraude.
A
veces me gustaría sentirme como ellos; tener esos momentos en los que
te parece que no tienes absolutamente nada de qué preocuparte porque hay
alguien “todopoderoso” que te preteje pase lo que pase.
A
mis cuarenta y tres años, lo sigo teniendo de alguna manera, aunque
sepa que no es todopoderosa, sé que está mi madre ahí, y que en el peor
de todos los casos, me acogería en su casa incondicionalmente, y que
nunca me faltaría un plato que comer y un techo sobre mi cabeza mientras ella tenga fuerzas. No es
poco.
Es
curioso, pero resulta reconfortante. Esta sensación que siempre me han
proporcionado mis padres, ahora yo se la doy a mis hijos, y éstos se la
proporcionarán a los suyos.
Eso
sí, saber que mis niños se sienten así de seguros, me hace sentirme
“importante”, !SOY UN HOMBRE!. Y si lo he conseguido en estos últimos
siete años, ¿porqué no lo conseguiría otros siete o veintisiete más?.
No sé con cuánta gente comparto esta sensación.
La compartes conmigo, Adolfo. Me ha gustado mucho esta entrada, realmente me he emocionado.
ResponderEliminar"Esa sensación que me han proporcionado mis padres, ahora yo se la doy a mis hijos, y éstos se la proporcionarán a los suyos". Hermosa cadena de esperanza.
Gracias Nico!!. !Qué hermosa y abrumadora responsabilidad la de ser padre!.
ResponderEliminarhermoso :)
ResponderEliminar!Gracias Salvador!. No hay ninguna premeditación en esta entrada, realmente es como lo siento, y veo que comparto con más personas estas sensaciones, o que al menos las entienden.
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