la cosa está malamente

la cosa está malamente

28 enero 2012

Seguros y calientes

Una de las imágenes que más me agrada contemplar, es cuando me acerco a las habitaciones donde duermen los niños y los veo en sus camitas durmiendo seguros y calientes. Confiados y tranquilos, abrazados a un peluche o sus cartas de Pokémon, porque todo está bien. Sus padres están ahí para cuidarles y protegerles.

En estos momentos recuerdo una entrevista a un personaje del corazón que leí en una revista, donde decía que el exministro Migel Boyer, en el funeral del último de sus progenitores decía respecto a sus sentimientos algo así como: “te sientes un huérfano, da igual la edad que tengas”. Me resulta llamativo, especialmente viniendo de un hombre de cierta edad, y que poco puede temer por su futuro, como es él,  pero le entiendo.

Esto me hace recordar, que aveces, cuando alguno de los niños me pide que me acueste un rato con ellos, me echan el brazo por encima, me cogen la mano o simplemente me miran contentos, se duermen casi de inmediato, porque confían plenamente en mí, se sienten seguros, como casi cualquier niño con sus padres.

Lo que no pueden imaginar, es que yo no me siento tan seguro como ellos. Ellos confían absolutamente en alguien que no confía en el mundo que le rodea, ni siquiera confío en mì mismo y tengo miedo de que no siempre vaya a poder ofrecer esa sensación de confort y tranquilidad a mi familia, aunque esta última sea una responsabilidad que comparta con mi esposa. Sólo somos una familia más de trabajadores, como millones. Me siento peleón pero vulnerable, basta con que la suerte quiera darme la espalda un rato.

En cierto modo es como un fraude.

A veces me gustaría sentirme como ellos; tener esos momentos en los que te parece que no tienes absolutamente nada de qué preocuparte porque hay alguien “todopoderoso” que te preteje pase lo que pase.

A mis cuarenta y tres años, lo sigo teniendo de alguna manera, aunque sepa que no es todopoderosa, sé que está mi madre ahí, y que en el peor de todos los casos, me acogería en su casa incondicionalmente, y que nunca me faltaría un plato que comer y un techo sobre mi cabeza mientras ella tenga fuerzas. No es poco.

Es curioso, pero resulta reconfortante. Esta sensación que siempre me han proporcionado mis padres, ahora yo se la doy a mis hijos, y éstos se la proporcionarán  a los suyos.

Eso sí, saber que mis niños se sienten así de seguros, me hace sentirme “importante”, !SOY UN HOMBRE!. Y si lo he conseguido en estos últimos siete años, ¿porqué no lo conseguiría otros siete o veintisiete más?.

No sé con cuánta gente comparto esta sensación.

4 comentarios:

  1. La compartes conmigo, Adolfo. Me ha gustado mucho esta entrada, realmente me he emocionado.

    "Esa sensación que me han proporcionado mis padres, ahora yo se la doy a mis hijos, y éstos se la proporcionarán a los suyos". Hermosa cadena de esperanza.

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  2. Gracias Nico!!. !Qué hermosa y abrumadora responsabilidad la de ser padre!.

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  3. !Gracias Salvador!. No hay ninguna premeditación en esta entrada, realmente es como lo siento, y veo que comparto con más personas estas sensaciones, o que al menos las entienden.

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Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.