En ocasiones oímos decir a la gente que tenemos unos servicios pésimos y pensamos en otros países de Europa o Norteamérica y los vemos como los ideales de bienestar a los que nos deberíamos acercar.
No sé cuánto es cierto de eso y cuánto nos equivocamos. Recuerdo un pakistaní que conocí, que me decía, que en su país pensaban que era llegar a Europa "y te llovía el dinero". Quizá nos ocurra a nosotros algo parecido cuando pensamos en Suecia o Canadá.
Otras veces escuchamos en los medios de comunicación que vivimos en el primer mundo, rodeados de confort, seguridad y una vida regalada en comparación al tercer mundo. Supongo que es una mera exageración para remarcar las diferencias de renta, porque no me parece tan obvio lo de la "vida regalada" que llevamos.
Una vez vi a una monja en televisión que comentaba que en un poblado de África una mujer le preguntó: ¿Tú tienes marido?, "no" contestó ella, y ¿cuántas ovejas tienes?, "ninguna" dijo la religiosa. "¡Vaya que pobre eres!", dijo la nativa llena de conmiseración.
Toda una cura de humildad hacia nosotros los occidentales. Uno es rico o pobre según con quién se compare y según en qué sociedad viva o necesidades sienta.
Está claro que en el primer mundo disponemos de mejor alimentación, salud y acceso a cosas innecesarias, pero también tiene un lado menos color de rosa.
La vida es muy exigente con nosotros, los ciudadanos de a pié. Hay que estudiar y trabajar mucho para ser uno del montón.
Nos hemos construido sociedades muy complejas que, en mi opinión, (y en contra de lo que se suele decir), no facilitan en absoluto el llegar a sentirse razonablemente realizado.
Desahucios diarios en España, cientos de miles o más viven de la pensión de sus mayores, cabezas gachas en los comedores de Cáritas, depresiones, estrés.
No todo el mundo lo consigue. Se quedan muchos cadáveres por el camino en esta idílica sociedad del 1º mundo.
Últimamente he conocido a personas que tienen un techo de lo más humilde y se alegran de haber encontrado un trabajo muy mal pagado, sin embargo te empieza a contar todo lo que puede hacer con esa cantidad de dinero y ves que vive sin quejarse de lo que otras personas, con más poder adquisitivo, se quejan.
ResponderEliminarCuando me comentan esos estándares comparativos de otros países me acuerdo de esta gente que te comenté y creo que a veces no es preciso llevar la mente a otros países para ver quién es más o menos rico.
Gracias por tu aportación Daniel. Pues sí, es tan relativo esto, que superados los gastos mínimos, hay que conseguir el equilibrio entre no ser conformista ( por no aceptar injusticias ni negarse a progresar), ni ambicioso ( para no caer en el consumismo irresponsable).
EliminarEn fin, que es algo complicado, como todo.