Veo que la vida de los niños discurre con mucha sencillez, aceptan bastante bien las cosas como vienen y su principal ocupación es la de la búsqueda contínua de diversión. Cierto que no se ocupan de la ropa o la comida, primero porque su limitado conocimiento de la vida no les permite saber cómo se obtienen y porque confían en que sus padres les provean de todas sus necesidades.
No van a sacrificar ni una pizca de diversión por la posibilidad de ensuciarse. ¿No es fantástico?. Viven el momento y no tienen claro si mañana hay cole o no. ¡ Y no parece preocuparles !. Como oí en una conferencia, los niños no piensan, actúan. ¿Cuántas cosas nos perdemos por pensarlas demasiado?.
Es cierto que a menudo les encantan las cosas sencillas. Una de las cosas que más le divierten es jugar con un globo. No saben qué hora es, ni falta que les hace.
Vale, en la vida hay que pensar en más cosas, y ellos no ponen lavadoras, ni pagan facturas.
Pero quiero tener esa enseñanza, me gustaría no dejar de vivir momentos intensos por no pasarme luego un rato limpiando, o por tener un poco más de tiempo para dormir.
Vale la pena disfrutar del momento sin pensar en nada más. Sólo hablo de que, (sin olvidar nuestras obligaciones de adultos), sepamos identificar esas ocasiones en las que hay que dejarse llevar y convertirse en niño. Tenemos espacio para ello.
Vale la pena disfrutar del momento sin pensar en nada más. Sólo hablo de que, (sin olvidar nuestras obligaciones de adultos), sepamos identificar esas ocasiones en las que hay que dejarse llevar y convertirse en niño. Tenemos espacio para ello.
Se me ocurre un ejemplo: ¿Qué crees que es mejor?, ¿tirar unos papeles recortados en casa sobre la cabeza de los tuyos a modo de confetti y reírte unos segundos de la gracia, o no hacerlo, no limpiar, pero tampoco reírte?. ¿Y si lo traspolamos a toda la vida?. ¿Momentos con su haz y envés o ni uno ni el otro?.
No soy un niño, he de pensar en las consecuencias de mis actos, y planificar, porque sí sé que lo que haga hoy repercute en mañana. Pero algo que he aprendido de los niños, es que no puedo dejar que eso me paralice, ni que sea un obstáculo que me ahorre una sonrisa, un abrazo, hacer el ganso o una preciosa estupidez.
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