la cosa está malamente

la cosa está malamente

12 julio 2016

¿Somos ricos o pobres?

Me da la impresión de que no nos paramos a pensar bien en esta pregunta, y creo que a menudo se hacen afirmaciones muy a la ligera al respecto.

En ocasiones oímos decir a la gente que tenemos unos servicios pésimos y pensamos en otros países de Europa o Norteamérica y los vemos como los ideales de bienestar a los que nos deberíamos acercar.

No sé cuánto es cierto de eso y cuánto nos equivocamos. Recuerdo un pakistaní que conocí, que me decía, que en su país pensaban que era llegar a Europa "y te llovía el dinero". Quizá  nos ocurra a nosotros algo parecido cuando pensamos en Suecia o Canadá.

Otras veces escuchamos en los medios de comunicación que vivimos en el primer mundo, rodeados de confort, seguridad y una vida regalada en comparación al tercer mundo. Supongo que es una mera exageración para remarcar las diferencias de renta, porque no me parece tan obvio lo de la "vida regalada" que llevamos.

Una vez cubiertas las necesidades fundamentales, el concepto de riqueza, no medido en términos estrictamente monetarios, pasa a ser muy relativo. Pero sigamos con el punto de vista económico.

Una vez vi a una monja en televisión que comentaba que en un poblado de África una mujer le preguntó: ¿Tú tienes marido?, "no" contestó ella, y ¿cuántas ovejas tienes?, "ninguna" dijo la religiosa. "¡Vaya que pobre eres!", dijo la nativa llena de conmiseración.

Toda una cura de humildad hacia nosotros los occidentales. Uno es rico o pobre según con quién se compare y según en qué sociedad viva o necesidades sienta.

Está claro que en el primer mundo disponemos de mejor alimentación, salud y acceso a cosas innecesarias, pero también tiene un lado menos color de rosa.

La vida es muy exigente con nosotros, los ciudadanos de a pié. Hay que estudiar y trabajar mucho para ser uno del montón.

Nos hemos construido sociedades muy complejas que, en mi opinión, (y en contra de lo que se suele decir), no facilitan en absoluto el llegar a sentirse razonablemente realizado.

Aquí para tener un mínimo de dignidad, necesitas vivir bajo un techo que has de pagar media vida. No puedes costruírtelo con tus manos como cualquier hombre en muchas tribus. La compra semanal vale mucho dinero, que debes obtener de algún sitio, y eso implica, en muchos trabajos, tener que tragar mucha porquería. Y si no tienes ingresos, sólo puedes obtener alimentación honradamente a cambio de pasar la vergüenza de pedirla.

Desahucios diarios en España, cientos de miles o más viven de la pensión de sus mayores, cabezas gachas en los comedores de Cáritas, depresiones, estrés.

No todo el mundo lo consigue. Se quedan muchos cadáveres por el camino en esta idílica sociedad del 1º mundo.


2 comentarios:

  1. Últimamente he conocido a personas que tienen un techo de lo más humilde y se alegran de haber encontrado un trabajo muy mal pagado, sin embargo te empieza a contar todo lo que puede hacer con esa cantidad de dinero y ves que vive sin quejarse de lo que otras personas, con más poder adquisitivo, se quejan.

    Cuando me comentan esos estándares comparativos de otros países me acuerdo de esta gente que te comenté y creo que a veces no es preciso llevar la mente a otros países para ver quién es más o menos rico.

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    1. Gracias por tu aportación Daniel. Pues sí, es tan relativo esto, que superados los gastos mínimos, hay que conseguir el equilibrio entre no ser conformista ( por no aceptar injusticias ni negarse a progresar), ni ambicioso ( para no caer en el consumismo irresponsable).

      En fin, que es algo complicado, como todo.

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Agradecería mucho que hicieras comentarios con toda libertad. Me encantaría aprender de otros puntos de vista.